Cubierta

Entrénalo para la vida

Cristina Gutiérrez Lestón

Plataforma Editorial

Índice

  1.  
    1. Prólogo de Eva Bach
    2. Introducción. Nuevas herramientas educativas para un nuevo mundo
  2.  
    1. 1. Ser o tener
    2. 2. ¿Qué nos enseñan?
    3. 3. Padres entrenadores
    4. 4. El libro de la vida
    5. 5. Cuentos para educar
    6. 6. ¿Urgente o importante?
    7. 7. El circuito de la frustración
    8. 8. El deporte, nuestro aliado para fortalecerlos
    9. 9. El poder de la conversación cuando los padres se separan
    10. 10. ¿Dónde hemos dejado las preguntas?
    11. 11. ¿Problema o reto?
    12. 12. Juntos llegaremos más lejos
    13. 13. Ir por el mundo
    14. 14. Tengo que…
    15. 15. Hacer fácil lo difícil, una metodología
    16. 16. Creatividad y educación
    17. 17. Los retos cómodos
    18. 18. La protección mal entendida
    19. 19. Una pequeña contrariedad diaria
    20. 20. Un propósito
    21. 21. El huerto de la vida
    22. 22. El duelo en un niño
    23. 23. La vida en color
    24. 24. El niño le pregunta al sabio…
    25. 25. La serenidad
    26. 26. El miedo de los niños
    27. 27. El miedo de los padres
    28. 28. ¿Motivación o sacrificio?
    29. 29. El sentido de la vida
    30. 30. Lo que los caballos enseñan
    31. 31. Muchas gracias
  3.  
    1. Epílogo. Atrévete a atreverte
    2. Agradecer, ¡tengo tanto que agradecer!

Este libro solo podía dedicárselo a ellos, a todos «mis» niños y niñas de La Granja. Chicos, estas palabras las he escrito yo, pero las he aprendido de vosotros.

Prólogo

Hay peticiones a las cuales solo puedes responder con un «sí», y este prólogo es una de ellas. Cuando Cristina Gutiérrez me preguntó si querría hacerlo, acepté sin dudarlo ni un instante, no solo por el honor y la alegría que representaba para mí, ni por el hecho de haber sido yo quien la puso en contacto con Jordi Nadal –estimado amigo, grandísimo editor y mejor persona–, sino principalmente porque todo lo que hace Cristina, este libro incluido, nos conecta con el potencial que tenemos como padres, madres y educadores, y nos impulsa a ayudar a los niños a despertar su propio potencial. Cuando empecéis a leerla veréis que tiene el gran don de hacerlo de una manera cercana, sencilla, amena y encantadora.

Conozco a Cristina desde hace ya unos cuantos años y soy una gran admiradora del trabajo que realizan en La Granja, granja escuela de Santa Maria de Palautordera. Los diez mil niños que pasan cada año por sus instalaciones, en un entorno inigualable que conforma la preciosa y mágica falda del parque natural del Montseny, avalan plenamente su voz y el conjunto de ideas que va desgranando a lo largo de estas páginas. Lo que nos ofrece esta educadora «de primera» es una suculenta, refrescante, ecológica y digestiva ensalada de reflexiones, pautas, fórmulas y recomendaciones de educación emocional y de educación para la vida, impregnadas con algunas vivencias e inquietudes que baten (laten) en su corazón de madre y que constituyen un auténtico valor añadido a lo que nos dice. Leerla, escucharla o conversar con ella resulta de lo más gratificante. Irradia y contagia energía por los cuatro lados y transmite la fuerza de los cuatro elementos. Sus palabras tienen la solidez, la profundidad y la fuerza de la tierra; son inspiradoras, ligeras y oxigenadoras como el aire; nítidas, transparentes y esenciales como el agua, y están llenas a rebosar de la pasión, la luz y el calor del fuego.

Uno de los grandes valores de este libro es que quien nos habla es una persona conectada consigo misma, con la naturaleza y con la vida, que tiene los pies en la tierra y que tiene muy claro no solo el qué, sino también los cómos. No nos habla de educación desde teorías impracticables o desvinculadas de la realidad, sino que lo hace desde el conocimiento y la sabiduría que ha ido acumulando a partir de la observación y la escucha atenta de lo que los padres y las madres, los niños y las niñas y el profesorado que pasa por su centro de trabajo le muestran día tras día. También desde los interrogantes, las dificultades y los retos que se le plantean y que ella encara con una actitud vitalista y positiva, y una mirada inmensamente lúcida y sensible. Y por supuesto, desde lo que le dicen al oído el silencio, la noche, el bosque, la montaña, las nubes, las tormentas o los caballos. Como sugería Tagore, educa para la vida a partir de la vida misma. «Salid del aula –decía el gran poeta–. No llevéis los árboles al aula, mejor trasladad la clase bajo los árboles.» Y esto es exactamente lo que Cristina hace, nos conduce –a padres, niños y educadores– bajo los árboles y nos desvela algunos secretos de la vida a partir de ejemplos y situaciones que nos resultan muy familiares porque forman parte de nuestro vivir cotidiano.

De la misma manera que tiene los pies en la tierra, también apunta a las estrellas. No se limita a relatarnos los problemas que detecta en las familias, los niños, la sociedad o la educación actual. Nos propone posibles soluciones, que, además de ser efectivas, nos transforman y nos hacen crecer como seres humanos, a nosotros y a nuestros hijos. Una vez que nos ha trasladado hasta los árboles, nos invita a alzar la mirada para ir más allá, hacia la luz y la brisa que acaricia sus copas. Leer y degustar este libro supone una poderosa bocanada de aire fresco que nos impulsa hacia delante, nos eleva el espíritu y nos abre la puerta de los sueños. «Entrenemos a nuestros hijos –dice– para que sus alas sean fuertes y puedan llevarlos arriba, muy arriba, allá donde habitan sus sueños.»

Cristina nos recuerda que nuestra misión como padres y madres es doble: ofrecer a los hijos amor incondicional y entrenarlos para la vida. Pues bien, lo que tenemos en las manos es una auténtica guía de entrenamiento inmensamente práctica, útil y cautivadora para padres y madres que quieran hacer de sus hijos «campeones de la vida». Un campeón de la vida es alguien que consigue llegar al lugar más alto del podio en la carrera o la disciplina más apasionante y más bonita del mundo: la de ser uno mismo.

Enhorabuena, querida Cristina, por este libro, por tu contribución a la educación emocional de verdad y por tu dedicación diaria a este trabajo que compartimos, que nos apasiona y que tú defines como «el más serio y el que conlleva más responsabilidad del mundo, porque podemos hacer daño a los seres más tiernos de este universo: los niños». Estate bien tranquila. Quien lea tu libro y ponga en práctica tus enseñanzas hará un gran bien al tesoro más grande y preciado de la humanidad: nuestros niños, aquellos que tanto nos enseñan y tanto nos quieren.

EVA BACH COBACHO

Pedagoga y escritora

Barcelona, junio de 2014

Introducción Nuevas herramientas educativas para un nuevo mundo

Hacia 2003, después de prácticamente dos décadas trabajando con niños y jóvenes, descubrí que todo lo que había utilizado hasta entonces ya no me funcionaba. Recuerdo la dificultad creciente que encontraba cuando quería captar la atención de los niños para explicarles algún temario, o cómo los discursos que utilizaba cuando había un conflicto ya no me daban resultado. Al principio pensé que me había hecho mayor y que ya no conectaba con los chicos. Después, compartiendo este desasosiego con el equipo de La Granja, donde trabajo (una granja escuela de Santa Maria de Palautordera por donde pasan cada año más de diez mil alumnos para realizar las tradicionales colonias escolares y también los campamentos de verano, y donde trabaja un equipo de treinta educadores formado por maestros, biólogos, monitores y veterinarios), descubrí que mis compañeros se quejaban de lo mismo. No sé si podéis imaginaros nuestro desánimo, el desencanto que sentíamos, porque, aunque poníamos todo nuestro esfuerzo e ilusión, no conseguíamos modificar conductas ni potenciar valores, que son la base de las convivencias y de las colonias; la base, en definitiva, de nuestro trabajo, aquel en el que éramos, supuestamente, expertos.

La nube de la queja empezó a flotar en el cielo de La Granja. Pensábamos que la sociedad, los padres o los políticos eran los culpables de la situación, ya que habían cambiado la cultura del ser por la del tener, y esto provocaba en los niños cambios que nosotros no sabíamos gestionar. Nos faltaban recursos, y cuanto más nos quejábamos de cómo nos llegaban los críos, más grande era el silencio de la respuesta. En nuestra desesperación, llegamos incluso a gritar, pero cuando estás perdido en medio del bosque, nadie te escucha y te sientes absolutamente solo. Y es que dedicábamos tanto tiempo a buscar culpables que no teníamos tiempo para encontrar soluciones.

No sé muy bien cómo, pero un buen día decidimos dejar de quejarnos. Vimos que teníamos solo dos caminos: seguir haciendo lo mismo con la queja instalada o empezar a hacer las cosas de una manera diferente. Y optamos por lo segundo. No teníamos ni idea de cómo hacer las cosas diferentes, así que empezamos a probar un poco de todo, hasta que por fin encontramos una formación que nos daba resultados inmediatos, la relacionada con la inteligencia emocional. En aquella época, este tipo de formación estaba reservada a directivos de empresas, pero nosotros íbamos modificándola para adaptarla a los pequeños.

El cambio fue sorprendente. Dejamos de lado nuestros discursos y sermones de siempre, en los cuales los educadores éramos los protagonistas de las palabras, por el arte de preguntar, y así conseguimos convertir a los niños en los verdaderos actores de las escenas. Modificamos nuestra manera de motivarlos gracias al refuerzo positivo, que provocaba sonrisas constantes y miradas de profunda complicidad. Incluso volvimos a ser capaces de obtener la atención y la escucha activa de los pequeños la mayor parte del tiempo gracias a la naturaleza, a las actividades readaptadas y a las técnicas de alto rendimiento reservadas hasta el momento a los deportistas de élite.

Han sido diez años de pruebas, de equivocaciones y también de aciertos. Diez años compartidos con miles de críos de todas las edades y centenares de profesores de las escuelas. Y de esto quiero hablar en este libro: de la multitud de situaciones que hemos vivido y de los mensajes que los niños nos han transmitido. Realmente han sido ellos los que nos han ayudado a saber más, los que nos han marcado el camino. Los críos son una guía innovadora y maravillosa cuando los adultos abrimos la mente, los miramos y los escuchamos.

Escribo este libro porque creo que es importante compartir con los padres y con la sociedad lo que vemos cada día en nuestro trabajo, lo que pasa cuando trabajas con niños de una manera diferente, con una intención concreta: la de entrenarlos para que sean emocionalmente más inteligentes y estén mejor preparados para buscar su camino para ir por la vida, un camino que tenga un sentido y una finalidad: que sepan hacia dónde van, porque saberlo les dará la fortaleza necesaria para enfrentarse a la vida de la mejor manera posible. Esta es la razón de ser de este libro.

¿Sabéis? Cuando un crío entiende alguna de las cosas que siente o aquello que le pasa por dentro, ves que de golpe le cambia la mirada y modifica dócilmente su comportamiento, y sabes con certeza que eso se lo llevará como un pequeño regalo para el resto de su vida. Y es entonces cuando tu trabajo, por fin, tiene sentido, y descubres que tienes un propósito que va mucho más allá de ti mismo.

Ahora ya no nos quejamos. Por fin tenemos los recursos que necesitamos para cambiar las actitudes en los niños de hoy en día. Cuando preguntamos ya no hay silencio. Trabajo en un lugar pequeño e insignificante, pero cada día se inunda de risas y conversaciones que, ahora sí, sabemos escuchar. Seguimos en medio del bosque y, aunque los árboles no nos contesten, sabemos que nos miran con aprobación cuando pasamos, y hasta nos guiñan un ojo, porque son nuestros grandes aliados para modular el comportamiento de los críos y forman parte de nuestra metodología. Y ya no nos sentimos solos: nos acompaña lo más importante del mundo, los niños, que son la esencia de la humanidad.